Un sermón predicado la mañana del Domingo 12 de Abril, 1857
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” Efesios 2:1
Sería natural que esperaran que, en el día conocido usualmente como el domingo de Pascua de Resurrección, eligiera el tema de la resurrección. Pero no lo haré; pues aunque he leído porciones que se refieren a ese glorioso tema, mi mente es asediada por un asunto que no es la resurrección de Cristo, aunque en alguna medida está vinculado con ella: la resurrección en esta vida del hombre perdido y arruinado por medio del Espíritu de Dios.
Podrán observar que el apóstol habla aquí de la iglesia de Éfeso, y, ciertamente, de todos aquellos que fueron elegidos en Cristo Jesús, aceptados en Él, y redimidos con Su sangre; y dice de ellos: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
¡Qué visión tan sobrecogedora nos presenta un cadáver! Cuando anoche trataba de captar este pensamiento, me subyugó por completo. El pensamiento de que pronto mi cuerpo será un carnaval para los gusanos, es abrumador. Dentro y fuera de estas cuencas que recogen el brillo de mis ojos, se arrastrarán cosas inmundas, toda la prole de la repugnancia. Cuando este cuerpo quede inerte en la muerte quieta, fría, abyecta y pasiva, y se vuelva entonces una cosa malsana y nauseabunda, desechado incluso por quienes me amaron, dirán: “Sepultaré mi muerto de delante de mí.” Tal vez ustedes apenas puedan hacerse a la idea de que una cosa así les ocurra, en el momento en que se las comento. Es algo extraño que ustedes, que han caminado hoy hasta este lugar, sean llevados a la tumba. Que los ojos con que ahora me contemplan sean sumidos en una oscuridad eterna. Que las lenguas que hace unos momentos articulaban el canto, pronto sean un inerte bulto de arcilla. Y que su fornida y sólida estructura corporal, aquí presente en este lugar, pronto sea incapaz de mover un sólo músculo, y se convierta en algo repugnante, hermano del gusano y hermana de la corrupción. Difícilmente podrían aceptar la idea. La muerte realiza una obra muy terrible en nosotros, actuando como un vándalo sobre este tejido mortal, rasgando en pedazos de tal manera esta hermosa estructura que Dios ha edificado, que no podemos soportar contemplar su obra destructora. Leer el resto de esta entrada »
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