Un sermón predicado la mañana del Domingo 11 de Enero, 1857
“Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.” Exodo 17:9
Los hijos de Israel fueron sacados de Egipto con mano alzada y brazo fuerte. Fueron conducidos al vasto desierto ululante, donde habían muy escasas moradas permanentes de hombres. Por algún tiempo prosiguieron su marcha en la soledad, descubriendo pozos y algunos otros rastros de poblaciones nómadas, pero sin encontrar a nadie que turbara esa soledad. Pero da la impresión que entonces, como ahora, habían tribus errantes que, como los beduinos árabes, vagaban por aquí y por allá a través de toda la región en la que se encontraban los hijos de Israel en aquel momento. Esa gente, excitada por la esperanza de un botín, cayó súbitamente sobre la retaguardia de los hijos de Israel, hiriendo muy cobardemente a las filas postreras de sus huestes, se apropió del botín, y se batió velozmente en retirada. Cobrando fuerza y valor por este exitoso despojo, se atrevió luego a atacar al ejército de Israel en pleno, que en aquel tiempo debe haber constado de dos o tres millones de almas, que fueron sacadas fuera de Egipto y alimentadas milagrosamente en el desierto.
Esta vez Israel no fue sorprendido, pues Moisés había dicho a Josué: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano,” suplicando a Dios, para que cada golpe dado con la espada fuera doblemente eficaz con la poderosa ayuda de Dios. Se nos informa que lograron una gran victoria. Los amalecitas fueron derrotados, y por causa de su inmotivado ataque contra los hijos de Israel, fueron condenados al exterminio. Encontramos que está escrito así: “Escribe esto para memoria en un libro, y dí a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.”
Ahora, amados, esta escena de guerra no está registrada en la Escritura como una circunstancia interesante para divertir al amante de la historia, sino que está escrita para nuestra edificación. Recordamos el texto que dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron.” Hay una enseñanza que se debe sacar de esto, y nosotros la consideramos una enseñanza especial, pues le agradó a Dios que este fuera el primer texto comandado por la autoridad Divina como un registro para las generaciones venideras. Pensamos que las jornadas de los hijos de Israel nos proporcionan muchos símbolos del caminar de la iglesia de Dios por el mundo; y creemos que esta pelea con Amalec es una metáfora y un símbolo de esa lucha diaria y constante que todo el pueblo de Dios debe sostener, contra los pecados externos y los pecados internos. Leer el resto de esta entrada »
comentarios recientes